martes, 1 de mayo de 2012

Carmen Laforet, Nada

Nada

Carmen Laforet

Poco queda ya por decir de esta novela si uno ha leído la edición que he leído yo. Gracias al estudio de Domingo Ródenas de Moya,(ed.Clásicos y Modernos, 2010),tenemos un análisis formal y material, histórico y anotado, exhaustivo, inteligente, redondo.
Sólo quedarían por expresar mis pobres y torpes impresiones personales,así que lo haré desde la voluntad de, simplemente, reflexionar sobre el contenido de la novela en sí misma y del comentario posterior.

Nos cuentan que cuando Laforet escribió este libro era muy joven, y que por eso este contiene algunas faltas de estilo y gramática que no obstante, por respeto al texto original, la presente edición reproduce íntegramente, sin mediar corrección alguna.
Nos hablan también de una autora que (por lo que nos cuentan, ya que en este caso, tampoco hemos leído nada más de ella), tuvo su mayor acierto literario con esta ópera prima, siendo el resto de su producción literaria un dar vueltas a la misma idea, con alguna que otra excepción.
"Nada" es una novela expresionista en cuanto a la narración, y refleja muy bien la atmósfera enrarecida, miserable, viciada y tensa que quiere transmitir. En cuanto a la narradora, Nada es una novela existencialista; ha sido comparada con Cumbres Borrascosas por su argumento y sensibilidad narrativa, aunque la autora negó todo vínculo directo con esta novela; con quien sí acepta el vínculo es con el Ulises de Joyce.También guarda relación con la biografía personal de su autora, aunque ella niega igualmente que los hechos narrados tengan algo que ver con sus viviencias durante su estancia en Barcelona.
La novela superó la censura y se publicó tal cual.Las notas aclaratorias nos explican que la autora probablemente ajustó su libro para que fuera lo menos cercenado posible. Así, se trata de una novela romántica, casi gótica, que habla de los desastres de la guerra en una sociedad y un país, pero mediante la puesta en escena de una familia tan peculiar  (y una narradora también particular,)que uno se pierde en la historia y en la trama sin que le dé tiempo suficiente a politizar (eso supondría una atenta lectura de fondo.)

Junto con este trabajo, el lector también conocerá de la realidad social de la Barcelona de la posguerra, especialmente de la burguesía, puesto que es la clase social retratada. El estudio de Domingo Ródenas de Moya realiza una clave interpretativa que nos remite a la serie de Los desastres de la guerra, de Goya, uno de los cuales se llama, precisamente, Nada.

De esta forma pareciera que la novela no dice todo lo que podría decir, por limitaciones externas, y también quizás porque el interés se centra en la joven narradora.

A mi juicio parece lo más importante del libro: la historia de opresión social, psicológica, económica, que sufre tanto la protagonista como el resto de las mujeres que la rodean.Me parece llamativo que no se mencione en ninguno de los textos del estudio el hecho de que Ena, la amiga de Andrea, es la única mujer que aparece en la novela dispuesta a romper efectivamente sus cadenas de manera activa. Ena sería el principio de la acción frente al principio de la contemplación representado por Andrea. Aunque son polos opuestos, ambas ejercen una voz discordante con lo establecido y suponen una petición de ruptura.

Y es precisamente esta petición de ruptura la que, al final del libro, abre un resquicio de esperanza y lanza un rayo de luz sobre las tenebrosas páginas de Nada, ofreciendo la idea de que la narradora ha comenzado una vida nueva en otro lugar, llevándose de esta Barcelona gótica y llena de miseria unos conocimientos sobre la vida que lejos de amedrentarla, le han hecho más fuerte, puesto que dicha narradora, que nos habla desde su pasado, analiza a Andrea desde la serenidad y la sabiduría de alguien que ha aprendido y madurado.

Juan José Millás, Lo que sé de los hombrecillos (II)

Continuamos con esta novela de Millás.
 Siguiendo las metáforas biológicas del autor, para poder hablar sobre su obra no queda más remedio que utilizar sus propios instrumentos.Así que creo que lo más fácil sería hacer una disección de este librito como si de un insecto exótico se tratara, retirando cada aparato funcional por un lado, para poder articular algo medianamente coherente.
Como todo buen biólogo debería saber, la visión cartesiana de los aparatos de un ente biológico no es más que un recurso mecanicista, que limita mucho la comprensión global del funcionamiento del ente como el todo que es. Sabiendo esto, cuidando de esto, veremos que al observar el corazón muy probablemente terminaremos en los riñones, o en quién sabe qué otro órgano. Así es la narrativa de Millás, consciente e inconscientemente.
Empezaremos, pues, por un principio :nuestro protagonista. No tiene nombre;de hecho, casi ningún personaje de la novela lo tiene, salvo Alba, la nieta postiza, y Vanessa, la prostituta. Esto quizá se deba a que son seres de los cuales el protagonista tiene otro tipo de visión, de capacidad comunicativa que requiere una total alteridad, por un motivo u otro. Son personajes que muestran unas características entitativas que permiten un anclaje de la narración en relación al eje central del protagonista. Y esto sucede porque el protagonista, efectivamente, se desdobla. Metafórica y literalmente. Millás ejerce algo de psicoanalista en esta novela fabulada; en alguna ocasión se expresa con términos estrictamente freudianos(al explicar un sueño, por ejemplo.)Nuestro protagonista es un hombre jubilado, catedrático emérito de Economía. Su vida consiste en ejercer tareas domésticas muy rutinarias,como si fuera un ama de casa, y en una débil y residual tarea profesional que piensa continuamente en abandonar. Aunque casado, está completamente solo.(no se le conocen amigos, solo los vecinos de la puerta de enfrente.) Tampoco tiene hijos, pese a tratarse de su tercer matrimonio.La descripción del día a día y del sentir de este hombre se nos muestra como profundamente patética, como una existencia fracasada, agotada en sí misma, cansada, terminada y además, estéril.El personaje reconoce que estudió y se dedicó a la economía porque en otro tiempo creía que ella era la base de la realidad, pero con el paso de este se dio cuenta de que tenía muy poco de real. Mientras tanto, su mujer, con la que no tiene, por acuerdo prematrimonial, relaciones, sigue dedicada a la vida laboral activa, también en el ámbito de la docencia universitaria, y está iniciando una dura carrera política.Esta mujer la describe Millás como hombruna, y quizás nos haga pensar en el hombre fracasado de finales del siglo XX y principios del XXI, y en que la mujer, que le ha tomado el relevo, a imagen y semejanza de él, (puesto que nació, no lo olvidemos, de su costilla, como el hombrecillo que nace de diversas partes del cuerpo del protagonista), es de alguna manera su doble y también su doble fracaso, puesto que en el epílogo se nos comunica que muere habiendo fracasado en todas sus aspiraciones. Aunque también termina por existir sexo entre ambos, que se desarrolla de forma casi onírica, con una fantasía que remite continuamente a la lengua escrita, a la escritura (¿relaciones con la musa interior?). Se pueden escribir muchas tonterías a este respecto.

En este punto de su absurda vida, vienen al rescate del protagonista los hombrecillos, que, como vimos, no son apariciones exclusivas de este libro, dentro de la narrativa de Millás. Pero como somos ignorantes del resto de la misma, sólo haremos un breve análisis de su presencia y posibles significados.  Aunque en el epílogo, de nuevo, el autor hace mención a una imaginaria literatura acerca de los famosos hombrecillos, lo cierto es que nos recuerdan no sólo a los habitantes de Lilliput, de Swift, sino también a los homúnculos de Fausto.
Los hombrecillos han aparecido y desaparecido de la vida del ex catedrático intermitentemente, y en este punto concreto de su existencia, en la que lleva puesta siempre, una bata de estar por casa, los hombrecillos comienzan a alimentarse de los trozos de pan duro que él guarda en los bolsillos de dicha prenda y que de vez en cuando mordisquea, justificando esta acción como "mi único vicio".
Los hombrecillos, pues, empiezan a manifestarse con mayor continuidad y descaro, hasta que construyen un doble del protagonista con diminutos fragmentos de su cuerpo. Este doble tendrá un vínculo telepático con él, que será más o menos intenso por momentos, hasta el punto de ser total y absoluto o de desaparecer por completo.
A partir de aquí, el hombrecillo será el detonante que hará que toda esta niebla de rutina se remueva violentamente y que vuelvan a la vida de este hombre semicadáver las emociones, el sexo, el tabaco y el alcohol, (por otro lado, vicios tratados de forma algo ridícula, como si tomarse un par de copas de vino y fumarse dos o tres cigarrillos supusiesen una enorme caída en algún tipo de vicio.) La mayor tontería que hace nuestro hombre es contratar los servicios de una prostituta, con la que no llega a hacer nada, y finalmente, sentir el impulso de matar a otro hombre, cosa que tampoco llega a hacer, contentando a su hombrecillo ( que es quien le pide todos estos excesos), con la muerte de un bogavante.
Finalmente, la marcha de su mujer a causa de un viaje de una semana, consigue que nuestro hombre, convertido en un crápula, llegue al paroxismo de su situación de ruptura consigo mismo: la rutina del orden y la limpieza ha desaparecido;se pasa la semana nadando en tabaco, alcohol, suciedad, eyaculaciones adolescentes y su propia porquería.
Llegados a este punto, los hombrecillos resinsertan en su cuerpo al ser que de este habían extraído, semejante a él y a ellos. Aquí podemos decir que la fractura ha desaparecido, la brecha se ha cerrado; la psicosis ha sanado, y, en definitiva, la crisis del burgués , explicada con otras muy diferentes palabras y temas por Hesse en El lobo estepario, entre otros, y la crisis del hombre individual, han cesado.
¿Andropausia?¿Fracaso personal?¿Generacional, social, individual?Hace también hincapié varias veces Millás en el hecho de que el personaje, a lo largo de su vida, nunca se ha sentido integrado en lo social, siempre se ha sentido un bicho raro, un extraño.Para enfatizar esto, hay algún pasaje en el que se homenajea a Kafka, haciendo las comparaciones pertinentes de la sensación de haberse convertido en un insecto.
En resumen, andropausia existencial y absurda, con un buen ritmo narrativo, que nos hace pensar en que no estaría mal, algún día de estos, abrir otra novela del autor, preferentemente de las primeras, eso sí, sin esperar algo muy distinto.Aunque me sigo quedando de momento con los artículos periodísticos.

sábado, 25 de febrero de 2012

Juan José Millás, Lo que sé de los hombrecillos (I)

He intentado leer alguna reseña crítica de esta novela, y lo más que he alcanzado a encontrar en internet es la de Juan cruz: http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2010/09/lo-que-s%C3%A9-de-los-hombrecillos-de-juan-jos%C3%A9-mill%C3%A1s.html
Se trata de un conocido/amigo de Millás, que ofrece la siguiente clave interpretativa: es una constante, en las últimas obras del autor, el juego o recurso literario del desdoblamiento, de la identidad demediada.
Yo básicamente conozco al Millás articulista. Durante años, en mi adolescencia y juventud, seguí religiosamente las columnas y reportajes de Millás en el diario El País. El estilo de Millás es atractivo, por lo irónico,y surrealista, y siempre con un deje de denuncia social,una progresía muy en la línea editorial de su periódico. Los últimos años, por múltiples motivos he dejado de tener acceso regular a estos artículos; pero recuerdo que los últimos que leí, en el dominical, rayaban en lo demagógico.
También recuerdo que cierta vez escuché a Millás por la radio y me llamó la atención el tono de su voz por lo desagradable y chulesco. Como empieza a ser habitual por aquí, sobre todo con los autores contemporáneos, parece que primero doy el varapalo y después recojo los restos del literato en cuestión, tratando de hacer una arqueología del valor entre los fragmentos que ha dejado el ataque. Pero también se puede interpretar como una limpieza más o menos crítica o exhaustiva, en la que, a riesgo de hacer rasguños, se lava toda la porquería con un estropajo bien duro para dejar lo más esencial, lo mejor, a la vista, bien reluciente.

No me cae antipático Millás como autor. De hecho, tengo cierto recuerdo pueril y placentero de sus artículos, a los que aúno la sensación dominical del desayuno y el periódico, y tantas otras cosas tan burguesas como el propio periódico. Así es que podría decirse que tengo cierto vínculo afectivo y de clase, con Millás.

Pero nunca había leído una novela suya. Aunque conocía sobradamente su estilo, en resumen.

Uno de los distintivos del estilo de Millás ha sido siempre el hecho de jugar con distintos planos de lo real, arte que domina bastante bien.También es cierto que se apoya demasiado en este recurso hasta elevarlo al estado de premisa narrativa,casi de fundamento, sobre el cual sustenta todos los elementos de la narración.Supongo que perro viejo no aprende trucos nuevos.
Es una fórmula que da sus frutos, ¿para qué cambiarla? A estas alturas, imagino que el lector de MIllás no espera ni más, ni menos.

martes, 3 de enero de 2012

fantasmas-reflexión serena

Reírse de otro es tratar de alejar los propios fantasmas. Quien más se burla de los demás es digno de lástima; está completamente cercado por sus miedos.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Aprendiz de brujo

Aprendiz de brujo

Carlos Ruíz Zafón, Marina

Hace poco cayó en mis manos de motu propio este libro, Marina.
Según cuenta el autor, es una de sus novelas anteriores a sus otros libros, más dirigidos al público adulto, por lo que esta ha quedado adjudicada al maltratado género que constituye en nuestros días la literatura juvenil (si es que eso existe).
Digo lo de maltratado porque ,aunque no tengo suficientes  elementos de juicio sobre este género en la actualidad (sólo he leído otro libro, de autor también español),lamentablemente dicha lectura me hizo ratificarme en que el género se había convertido en bazofia.
Vamos por partes: no creo que Marina sea un mal libro...del todo.
Cuando yo era joven y esperaba aún algo de la vida (carcajadas en off), lo que se entendía por libro juvenil eran algunas joyitas editadas por El Barco de Vapor, de SM, y otras colecciones de Alfaguara, etc, que aunque no eran la cumbre de las letras hispánicas, eran libros más que presentables. Es indudable que con el paso del tiempo, el impacto de los medios de comunicación y el desarrollo de la glorificación de la violencia como espectáculo para todos los públicos, así como el profundo deterioro axiológico en el que se han criado las últimas generaciones de españolitos y no españolitos, el concepto de novela o libro para jóvenes ha cambiado mucho.Ahora se presupone que el adolescente que se acerca (¿de veras alguno se acerca?) a un libro, ha visto más casquería, matanzas y demás lindezas de lo que sus padres verán jamás, y que está versado en todos los misterios de la vida, incluyendo el sado masoquismo, la...bueno, no voy a seguir por este camino porque me parece que me he expresado con suficiente claridad.
¿Qué quiero decir con esto? Bueno, quizá me estoy complicando mucho. Quizá sobre con expresarme acerca de la lectura.
Me parece que este libro es un constante quiero y no puedo, algo inclasificable, sí, pero no porque el autor haya querido, sino porque no ha sabido.Y ya sabemos que esta es la diferencia fundamental,básica, entre un buen y un mal escritor.
Lo malo: el momento histórico, que no casa en absoluto con la acción desarrollada en él, ni con los personajes que aparecen. La historia parece un cuento de Lovecraft que se ha ido de las manos, y como tal, no es mala;pero como tal, está descontextualizada. No valen truquitos tipo hacer que el protagonista entre en una taberna del Raval y de pronto nos encontremos catapultados a una secuencia de película española con personaje casposo incluído para que nos creamos estar en la Barcelona de 1980. El personaje sale de la taberna y todo vuelve a esa atmósfera decimonónica que impregna la novela el 95 por ciento del tiempo.Esos cortes definen, delatan, una mala novela.Hay alguno más.
La excesiva proliferación de personajes sin un propósito claro más que el de desarrollar una trama que se complica en exceso para simplemente llenar páginas y páginas es un recurso habitual en el mundo del best seller (supongo). No es que no haya leído ningún otro best seller, pero por ejemplo, al Umberto eco de El nombre de la rosa, se le daba mucho mejor el tema. Cuando leí esta novela recuerdo quedarme sin aliento en el Metro; cuando leo Marina, al llegar a la quinta historia auxiliar, ya me he perdido y no me acuerdo de la anterior.
Eso nos abre dos reflexiones, una sobre la trama y otra sobre los personajes. Para empezar, el protagonista no es absolutamente nada, no es nadie. Quizá la excusa sea la de que cuantos menos rasgos tenga, más puede el lector identificarse con él, o quizás es que tan sólo es la excusa para echar la trama a rodar sin realmente tener nada que ver con ella. De nuevo delata una mala novela. Según leo en Wikipedia, el personaje protagonista, sin embargo, podría estar relacionado con la vida del propio Zafón, quien fue a un colegio religioso cerca de los parajes que aparecen en el libro. Bueno. Irrelevante.
Eso nos lleva a la trama. Una trama que está pensada de atrás hacia adelante, es decir: se nota que la forma de contarnos la historia ha sido esta, urdirla para luego invertirla, como en una moviola. Se nota. No se tiene que notar.Mal otra vez.
Por supuesto, hay una gran profusión de escenas descriptivas de  película de acción y terror contemporánea, pero esto es una tendencia de la que no nos sentimos ya capaces de culpar a Zafón, que ha trabajado en los Usa de guionista...según sus biógrafos. Además, es un requisito previo e imprescindible,parece ser, para la novela que aspira a ser un superventas para el gran público que así sea.
Lo que realmente podemos reprochar a Zafón, una vez más, es la continua ida y venida del territorio puramente literario (donde a pesar de todo lo dicho, no se mueve mal), a otro terreno, el terreno de la realidad irreal, que pretende otra vez situar acción y personajes en un entorno donde no pintan nada (la última parte, donde se crea el escenario del hospital, otro ejemplo a tener en cuenta junto con el del ya mencionado episodio de la tasca.)Este recurso, que tampoco es patrimonio exclusivo del autor, consiste en meter "con calzador" escenas, paisajes, situaciones, personajes y diálogos que pretenden ser realistas, en los que a veces se nota que están inspirados en anécdotas reales (¿qué podemos decir?pues que de nuevo esto denota que el libro no está bien escrito).Y lo que es peor, denota mal arte de escritor,puesto que son truquitos de novato.
El libro tiene su propio territorio, que es la esfera de la literatura, y esto ya crea un mundo suficiente donde la historia debe bastarse a sí misma; cualquier buen novelista respeta este princio, que es básico. No hace falta hacer "incursiones a la realidad" para que el libro llegue más al lector o sea más creíble.Son parches antiestéticos.
Sobre todo esto, el propio Zafón opina:
Sobre su laboratorio creativo, Ruiz Zafón ha dicho: "Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás; pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película; pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas. En esa fase es cuando empiezo a preguntarme: '¿Y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?'. Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil... Pero para que sea así hay que trabajar mucho". http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Ruiz_Zaf%C3%B3n



En fin, creo que ya me he despachado suficiente con el pobre Zafón. Al principio dije que no era del todo un mal libro, y lo mantengo. Lo mejor que he encontrado en él ha sido el uso del lenguaje poético y de las figuras retóricas (teniendo como trasfondo y como musa la ciudad de Barcelona, partía con ventaja.) Este manejo del lenguaje fue lo que me mantuvo interesado en la lectura la mayoría del tiempo (y de aquí viene  lo de aprendiz de brujo: Zafón me ha recordado por momentos no sólo a Poe o a Lovecraft, sino también al Sábato de Sobre Héroes y tumbas.)
Creo que le daré una oportunidad a La sombra del viento, aunque no se debe esperar mucho más.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Golpear, machacar, rumiar

Una cosa es no tener apenas (o no tener en absoluto) sentido de lo moral, y otra es llevarlo todo, absolutamente todo, al terreno de lo moral. En el segundo caso, no se tiene ni un segundo de paz en este dichoso mundo, ni despierto, ni dormido. Como dijo el Estagirita....párese en el medio, compadre!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ernesto Sábato, El Túnel

En todo caso, había un sólo túnel,oscuro y solitario:el mío

Acabo de releer El Túnel, de Ernesto Sábato.

No recuerdo cuándo fue el momento exacto en el que lo leí por primera vez. Me suena que fue justo antes o después de leer su desarrollo definitivo, Sobre héroes y tumbas.En esencia, este último libro tiene más estratos,más temas y más capas de lectura, y también de estudio lingüístico. Pero El Túnel es la semilla en la que están recogidas casi todas las ramificaciones temáticas que brotarán hasta el final, con todas sus consecuencias, en Sobre Héroes.
En el caso de todos los libros, el fenómeno de la relectura es sorprendente y provechoso;en este caso, ha sido más que eso, ha sido revelador. Con toda probabilidad, la catedral literaria que es Sobre Héroes produjo en mí en su momento un eclipse sobre El Túnel. Hará cerca de diez años que leí ambos libros y no me importa confesar que dicho eclipse  había operado de tal manera en mí, que apenas recordaba nada de El Túnel.
Imagino que desde su publicación habrán corrido ríos de tinta, así como de celuloide. Lo primero que me llama la atención es este hecho.


Yo creo que El Túnel hay que poder entenderlo, pero de manera intelectiva, afectiva y sensitiva. Si no, la lectura es vana. Y quizá por eso, mi primera lectura fue más bien vana en casi todos los sentidos.
Sábato es un gran filósofo del Mal, y para comprender lo que es el Mal, es necesario haberlo padecido en propias carnes. Para tomar conciencia de lo que es el Mal, no basta con ver las noticias, ni siquiera con apreciar a un ser cercano que padezca sus consecuencias; no, es indispensable haberlo padecido en primera persona, y haberlo padecido en reiteradas ocasiones, y es igualmente necesario tener la capacidad, no sé si innata o no (este es uno de los puntos que hacen de este problema algo irresoluble hasta la fecha.), de sentirlo como lo que es, de discernir con todas las facultades de la razón y la emoción.
Por eso me cuesta trabajo creer que haya tanta gente capaz de comprender el libro. El propio Sábato anuncia en sus páginas una posible explicación de este fenómeno: la duda, casi la certeza, de que el Mal anida en todos y cada uno de nosotros, aunque seamos conscientes de él; y que esta consciencia debería bastar en sí misma para redimirnos, por el puro asco. Pero no lo hace,y esta tragedia del ser humano es a la vez paradoja para el escritor y para el lector.

Llegados a este punto, habremos de eliminar de la lista de lectores a un buen número de ellos, que a buen seguro, no habrá comprendido el libro, bien por vivir instalados en un cómodo cinismo autocomplaciente, en una metafórica ceguera a la que alude Sábato, o porque, como yo mismo la primera vez, carecen de la experiencia suficiente para entender de lo que allí se habla.
También habremos de introducir aquí la más que razonable duda acerca de la comunidad cultural que produce y consume este libro. Se trata de literatura burguesa, con todo lo que ello conlleva, y este punto lo dejamos aquí, puesto que es merecedor de otros tantos ríos de tinta.
Vayamos a la historia. J.P. Castel es un pintor de renombre. Creo que este punto de partida sitúa al autor en la posibilidad de que el protagonista sea un artista, un creador, y que la pintura es su campo porque la plasmación en el lienzo es la forma más rápida e inmediata de comunicación con el público. Los que trabajamos vigilando obras de arte, especialmente cuadros, sabemos que son ventanas hacia realidades diferentes.

Castel refiere brevemente que el artista, o al menos, su arte, pretende ser un medio de lucha contra el Mal, y una comunicación , una búsqueda, de alguien que, como Castel, haya entendido en toda su hondura la experiencia y el problema del Mal.Cuando cree haber hallado a esa persona , Castel, movido por un afán lógico inexorable, y por una terrible certeza de soledad e incomunicación entre los seres humanos, se ve arrastrado al crimen.
María Iribarne, con su irónico nombre virginal; Hunter, el cazador; Allende, el primer representante del horror que vendrá con el Informe sobre ciegos, son las agujas con las que Sábato teje su trágica historia.

Llegado a este punto, la relectura nos sitúa en otro plano. El artista ha perseguido la Belleza, y esta es Una junto con el Bien y la Verdad. La ruptura de uno de los elementos de esta tríada inacapacita el funcionamiento de los demás.
Es comprensible, casi forzoso, que la historia se auna historia de amor entre un hombre y una mujer.Dicho lo cual, estas premisas no son suficientes, a mi juicio, para perdonar la misoginia de Sábato, refelejada en otros de sus libros también. La personalidad de Castels es la de un neurótico, un maltratador, diríamos ahora desde lo políticamente correcto.
Para concluir, volvamos de nuevo al tema, al problema del Mal.Ya lo habíamos dicho, en otras entradas anteriores: el Mal es comprendido cuando se comprende el absoluto de su ser.Que no es excepción, sino regla.Que su existencia es por sí y para sí,y su surgimiento, espontáneo.
Hay algo más que no me resisto a decir: Castel se comporta como un malcriado e ingenuo adolescente.

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Una última reflexión, de índole más personal que otra cosa, me obliga a confesar que, aunque las palabras exactas de El Túnel se hubiesen aparentemente borrado de mi memoria, no obstante, permanecían allí de algún modo. No sé si de nuevo atribuirlo a que me fueran repetidas por Sobre Héroes; pero durante la relectura vi reflejadas en sus páginas opiniones que yo mismo llevaba años sopesando, sin ser consciente de que Sábato se expresaba así; por ejemplo, la proposición de posible eliminación del individuo malvado como medida de profilaxis social; la animadversión hacia la figura de los críticos, por seres inútiles que ostentan un poder sin basamento sobre las obras de arte; o la sensación, que ya no opinión, de repugnancia absoluta e inmediata ante la aparición de los signos de la maldad y la estupidez impregnando el mundo...

Para saber más, http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=s0071-17132004003900010&script=sci_arttext