silenciosos lectores aquí y allá, separados unos de otros, inmersos cada cual en su mundo, se repartían por el paseo ajardinado como estatuas vivientes, como gigantes mitológicos devoradores de fábulas.
viernes, 16 de diciembre de 2011
Golpear, machacar, rumiar
Una cosa es no tener apenas (o no tener en absoluto) sentido de lo moral, y otra es llevarlo todo, absolutamente todo, al terreno de lo moral. En el segundo caso, no se tiene ni un segundo de paz en este dichoso mundo, ni despierto, ni dormido. Como dijo el Estagirita....párese en el medio, compadre!
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Ernesto Sábato, El Túnel
En todo caso, había un sólo túnel,oscuro y solitario:el mío
Acabo de releer El Túnel, de Ernesto Sábato.
No recuerdo cuándo fue el momento exacto en el que lo leí por primera vez. Me suena que fue justo antes o después de leer su desarrollo definitivo, Sobre héroes y tumbas.En esencia, este último libro tiene más estratos,más temas y más capas de lectura, y también de estudio lingüístico. Pero El Túnel es la semilla en la que están recogidas casi todas las ramificaciones temáticas que brotarán hasta el final, con todas sus consecuencias, en Sobre Héroes.
En el caso de todos los libros, el fenómeno de la relectura es sorprendente y provechoso;en este caso, ha sido más que eso, ha sido revelador. Con toda probabilidad, la catedral literaria que es Sobre Héroes produjo en mí en su momento un eclipse sobre El Túnel. Hará cerca de diez años que leí ambos libros y no me importa confesar que dicho eclipse había operado de tal manera en mí, que apenas recordaba nada de El Túnel.
Imagino que desde su publicación habrán corrido ríos de tinta, así como de celuloide. Lo primero que me llama la atención es este hecho.
Yo creo que El Túnel hay que poder entenderlo, pero de manera intelectiva, afectiva y sensitiva. Si no, la lectura es vana. Y quizá por eso, mi primera lectura fue más bien vana en casi todos los sentidos.
Sábato es un gran filósofo del Mal, y para comprender lo que es el Mal, es necesario haberlo padecido en propias carnes. Para tomar conciencia de lo que es el Mal, no basta con ver las noticias, ni siquiera con apreciar a un ser cercano que padezca sus consecuencias; no, es indispensable haberlo padecido en primera persona, y haberlo padecido en reiteradas ocasiones, y es igualmente necesario tener la capacidad, no sé si innata o no (este es uno de los puntos que hacen de este problema algo irresoluble hasta la fecha.), de sentirlo como lo que es, de discernir con todas las facultades de la razón y la emoción.
Por eso me cuesta trabajo creer que haya tanta gente capaz de comprender el libro. El propio Sábato anuncia en sus páginas una posible explicación de este fenómeno: la duda, casi la certeza, de que el Mal anida en todos y cada uno de nosotros, aunque seamos conscientes de él; y que esta consciencia debería bastar en sí misma para redimirnos, por el puro asco. Pero no lo hace,y esta tragedia del ser humano es a la vez paradoja para el escritor y para el lector.
Llegados a este punto, habremos de eliminar de la lista de lectores a un buen número de ellos, que a buen seguro, no habrá comprendido el libro, bien por vivir instalados en un cómodo cinismo autocomplaciente, en una metafórica ceguera a la que alude Sábato, o porque, como yo mismo la primera vez, carecen de la experiencia suficiente para entender de lo que allí se habla.
También habremos de introducir aquí la más que razonable duda acerca de la comunidad cultural que produce y consume este libro. Se trata de literatura burguesa, con todo lo que ello conlleva, y este punto lo dejamos aquí, puesto que es merecedor de otros tantos ríos de tinta.
Vayamos a la historia. J.P. Castel es un pintor de renombre. Creo que este punto de partida sitúa al autor en la posibilidad de que el protagonista sea un artista, un creador, y que la pintura es su campo porque la plasmación en el lienzo es la forma más rápida e inmediata de comunicación con el público. Los que trabajamos vigilando obras de arte, especialmente cuadros, sabemos que son ventanas hacia realidades diferentes.
Castel refiere brevemente que el artista, o al menos, su arte, pretende ser un medio de lucha contra el Mal, y una comunicación , una búsqueda, de alguien que, como Castel, haya entendido en toda su hondura la experiencia y el problema del Mal.Cuando cree haber hallado a esa persona , Castel, movido por un afán lógico inexorable, y por una terrible certeza de soledad e incomunicación entre los seres humanos, se ve arrastrado al crimen.
María Iribarne, con su irónico nombre virginal; Hunter, el cazador; Allende, el primer representante del horror que vendrá con el Informe sobre ciegos, son las agujas con las que Sábato teje su trágica historia.
Llegado a este punto, la relectura nos sitúa en otro plano. El artista ha perseguido la Belleza, y esta es Una junto con el Bien y la Verdad. La ruptura de uno de los elementos de esta tríada inacapacita el funcionamiento de los demás.
Es comprensible, casi forzoso, que la historia se auna historia de amor entre un hombre y una mujer.Dicho lo cual, estas premisas no son suficientes, a mi juicio, para perdonar la misoginia de Sábato, refelejada en otros de sus libros también. La personalidad de Castels es la de un neurótico, un maltratador, diríamos ahora desde lo políticamente correcto.
Para concluir, volvamos de nuevo al tema, al problema del Mal.Ya lo habíamos dicho, en otras entradas anteriores: el Mal es comprendido cuando se comprende el absoluto de su ser.Que no es excepción, sino regla.Que su existencia es por sí y para sí,y su surgimiento, espontáneo.
Hay algo más que no me resisto a decir: Castel se comporta como un malcriado e ingenuo adolescente.
***********************
Una última reflexión, de índole más personal que otra cosa, me obliga a confesar que, aunque las palabras exactas de El Túnel se hubiesen aparentemente borrado de mi memoria, no obstante, permanecían allí de algún modo. No sé si de nuevo atribuirlo a que me fueran repetidas por Sobre Héroes; pero durante la relectura vi reflejadas en sus páginas opiniones que yo mismo llevaba años sopesando, sin ser consciente de que Sábato se expresaba así; por ejemplo, la proposición de posible eliminación del individuo malvado como medida de profilaxis social; la animadversión hacia la figura de los críticos, por seres inútiles que ostentan un poder sin basamento sobre las obras de arte; o la sensación, que ya no opinión, de repugnancia absoluta e inmediata ante la aparición de los signos de la maldad y la estupidez impregnando el mundo...
Para saber más, http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=s0071-17132004003900010&script=sci_arttext
Acabo de releer El Túnel, de Ernesto Sábato.
No recuerdo cuándo fue el momento exacto en el que lo leí por primera vez. Me suena que fue justo antes o después de leer su desarrollo definitivo, Sobre héroes y tumbas.En esencia, este último libro tiene más estratos,más temas y más capas de lectura, y también de estudio lingüístico. Pero El Túnel es la semilla en la que están recogidas casi todas las ramificaciones temáticas que brotarán hasta el final, con todas sus consecuencias, en Sobre Héroes.
En el caso de todos los libros, el fenómeno de la relectura es sorprendente y provechoso;en este caso, ha sido más que eso, ha sido revelador. Con toda probabilidad, la catedral literaria que es Sobre Héroes produjo en mí en su momento un eclipse sobre El Túnel. Hará cerca de diez años que leí ambos libros y no me importa confesar que dicho eclipse había operado de tal manera en mí, que apenas recordaba nada de El Túnel.
Imagino que desde su publicación habrán corrido ríos de tinta, así como de celuloide. Lo primero que me llama la atención es este hecho.
Yo creo que El Túnel hay que poder entenderlo, pero de manera intelectiva, afectiva y sensitiva. Si no, la lectura es vana. Y quizá por eso, mi primera lectura fue más bien vana en casi todos los sentidos.
Sábato es un gran filósofo del Mal, y para comprender lo que es el Mal, es necesario haberlo padecido en propias carnes. Para tomar conciencia de lo que es el Mal, no basta con ver las noticias, ni siquiera con apreciar a un ser cercano que padezca sus consecuencias; no, es indispensable haberlo padecido en primera persona, y haberlo padecido en reiteradas ocasiones, y es igualmente necesario tener la capacidad, no sé si innata o no (este es uno de los puntos que hacen de este problema algo irresoluble hasta la fecha.), de sentirlo como lo que es, de discernir con todas las facultades de la razón y la emoción.
Por eso me cuesta trabajo creer que haya tanta gente capaz de comprender el libro. El propio Sábato anuncia en sus páginas una posible explicación de este fenómeno: la duda, casi la certeza, de que el Mal anida en todos y cada uno de nosotros, aunque seamos conscientes de él; y que esta consciencia debería bastar en sí misma para redimirnos, por el puro asco. Pero no lo hace,y esta tragedia del ser humano es a la vez paradoja para el escritor y para el lector.
Llegados a este punto, habremos de eliminar de la lista de lectores a un buen número de ellos, que a buen seguro, no habrá comprendido el libro, bien por vivir instalados en un cómodo cinismo autocomplaciente, en una metafórica ceguera a la que alude Sábato, o porque, como yo mismo la primera vez, carecen de la experiencia suficiente para entender de lo que allí se habla.
También habremos de introducir aquí la más que razonable duda acerca de la comunidad cultural que produce y consume este libro. Se trata de literatura burguesa, con todo lo que ello conlleva, y este punto lo dejamos aquí, puesto que es merecedor de otros tantos ríos de tinta.
Vayamos a la historia. J.P. Castel es un pintor de renombre. Creo que este punto de partida sitúa al autor en la posibilidad de que el protagonista sea un artista, un creador, y que la pintura es su campo porque la plasmación en el lienzo es la forma más rápida e inmediata de comunicación con el público. Los que trabajamos vigilando obras de arte, especialmente cuadros, sabemos que son ventanas hacia realidades diferentes.
Castel refiere brevemente que el artista, o al menos, su arte, pretende ser un medio de lucha contra el Mal, y una comunicación , una búsqueda, de alguien que, como Castel, haya entendido en toda su hondura la experiencia y el problema del Mal.Cuando cree haber hallado a esa persona , Castel, movido por un afán lógico inexorable, y por una terrible certeza de soledad e incomunicación entre los seres humanos, se ve arrastrado al crimen.
María Iribarne, con su irónico nombre virginal; Hunter, el cazador; Allende, el primer representante del horror que vendrá con el Informe sobre ciegos, son las agujas con las que Sábato teje su trágica historia.
Llegado a este punto, la relectura nos sitúa en otro plano. El artista ha perseguido la Belleza, y esta es Una junto con el Bien y la Verdad. La ruptura de uno de los elementos de esta tríada inacapacita el funcionamiento de los demás.
Es comprensible, casi forzoso, que la historia se auna historia de amor entre un hombre y una mujer.Dicho lo cual, estas premisas no son suficientes, a mi juicio, para perdonar la misoginia de Sábato, refelejada en otros de sus libros también. La personalidad de Castels es la de un neurótico, un maltratador, diríamos ahora desde lo políticamente correcto.
Para concluir, volvamos de nuevo al tema, al problema del Mal.Ya lo habíamos dicho, en otras entradas anteriores: el Mal es comprendido cuando se comprende el absoluto de su ser.Que no es excepción, sino regla.Que su existencia es por sí y para sí,y su surgimiento, espontáneo.
Hay algo más que no me resisto a decir: Castel se comporta como un malcriado e ingenuo adolescente.
***********************
Una última reflexión, de índole más personal que otra cosa, me obliga a confesar que, aunque las palabras exactas de El Túnel se hubiesen aparentemente borrado de mi memoria, no obstante, permanecían allí de algún modo. No sé si de nuevo atribuirlo a que me fueran repetidas por Sobre Héroes; pero durante la relectura vi reflejadas en sus páginas opiniones que yo mismo llevaba años sopesando, sin ser consciente de que Sábato se expresaba así; por ejemplo, la proposición de posible eliminación del individuo malvado como medida de profilaxis social; la animadversión hacia la figura de los críticos, por seres inútiles que ostentan un poder sin basamento sobre las obras de arte; o la sensación, que ya no opinión, de repugnancia absoluta e inmediata ante la aparición de los signos de la maldad y la estupidez impregnando el mundo...
Para saber más, http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=s0071-17132004003900010&script=sci_arttext
lunes, 12 de diciembre de 2011
Epitafios
Sobre la tumba olvidada
del hombre bueno,
cada primavera extienden
las flores del campo su manto,
polícromo y eterno.
******************
Ahora que se cierre la puerta de la pena,
que sus puertas se sellen con alquitrán y brea,
que por mi culpa no interrumpan la danza nunca más.
del hombre bueno,
cada primavera extienden
las flores del campo su manto,
polícromo y eterno.
******************
Ahora que se cierre la puerta de la pena,
que sus puertas se sellen con alquitrán y brea,
que por mi culpa no interrumpan la danza nunca más.
Ignatius reloaded
La segunda vez en mi vida que leí La Conjura de los necios me sorprendí al reconocer en el personaje de Ignatius un trasunto de mis propios diarios.
Lo que nos hace a Ignatius y a mí tan parecidos es que ninguno de los dos nos encontramos insertos en el mundo de los hombres.No nos han sido enseñadas las reglas, y hemos crecido al margen de la manada, al margen de lo social. De lo único que disponemos para manejarnos en este ámbito es de un manojo de valores caducos que producen befa y mofa entre nuestros contemporáneos. Nos dieron una educación de verdades falsas, que nosotros, de natural poco avispados, nos creímos a pies juntillas. Cuando se posee sentido de la ética por encima de las convenciones sociales,el mundo se convierte en un lugar agotador y feo, en un continuo naufragio del ser.
Lo que nos hace a Ignatius y a mí tan parecidos es que ninguno de los dos nos encontramos insertos en el mundo de los hombres.No nos han sido enseñadas las reglas, y hemos crecido al margen de la manada, al margen de lo social. De lo único que disponemos para manejarnos en este ámbito es de un manojo de valores caducos que producen befa y mofa entre nuestros contemporáneos. Nos dieron una educación de verdades falsas, que nosotros, de natural poco avispados, nos creímos a pies juntillas. Cuando se posee sentido de la ética por encima de las convenciones sociales,el mundo se convierte en un lugar agotador y feo, en un continuo naufragio del ser.
martes, 29 de noviembre de 2011
El último romano
Uno de los personajes que me han acompañado durante estos últimos meses de extraña convalecencia ha sido Boecio, el último romano.
Boecio es el típico autor que te citan en múltiples ocasiones a lo largo de la carrera, pero que desgraciadamente acabas saliendo de la facultad sin haber leído una sola línea de su obra. Aunque no hace falta haber languidecido improductivamente durante cinco largos años en los bancos de la facultad de Filosofía para conocerle: quizás también les suene a los buenos lectores de La Conjura de los necios, de Kennedy Toole.
Precisamente adquirí su libro más famoso para nosotros, La consolación de la filosofía, en un momento especialmente difícil del embrollo médico en el que me vi inmerso.Ya había consultado a Séneca anteriormente, como dejé reflejado por aquí hace unos años, y con buenos resultados: donde esté un buen texto estoico, que se quemen todos los libros de autoayuda ñoños e insubstanciales que inundan nuestras librerías.
Boecio murió en 525 D.C. Suele considerársele como el último de los grandes pensadores clásicos, ya inmerso en plena patrística. La obra en cuestión es realmente una pequeña joya, en la cual podemos encontrar multitud de definiciones de conceptos de filosofía clásicos, y un magistral manejo de los recursos literarios y retóricos de la época. Se supone que antes de ser torturado y ejecutado por motivos políticos, Boecio pasó un año encarcelado, año durante el cual compuso La consolación. La propia Filosofía encarnada viene al lecho de llanto del romano, apartando a su paso a las Musas que se hallan en su cabecera (a las que no duda en calificar de "rameras"), para entablar un diálogo de tipo platónico con el autor, que se duele de haberlo perdido todo y no tener ya nada que esperar del mundo sino su muerte.
Estando así las cosas, Filosofía convencerá al autor no sólo de que su situación no es una desgracia, sino de que a fin de cuentas, el Mal como tal no existe.
Como también plasmé hace años en este blog en una pequeña reflexión acerca del argumento ontológico,dicho argumento,u otros en su línea, van encaminados a demostrar la posibilidad de existencia de un Dios omnipotente y bueno a pesar de la aparente presencia del mal en el mundo.Desde luego, Boecio va más allá de los argumentos agustinianos, cartesianos o de San Anselmo: para él, directamente el mal no existe, y cada cual tiene exáctamente el puesto que le corresponde en el mundo. Boecio es prolijo en explicaciones minuciosas e incardinación de argumentos para explicarse. Desde la explicación de qué es y qué podemos esperar los humanos de la Fortuna (tema que sería luego recogido y renovado por Maquiavelo), hasta la proclamación de los primeros principios de la fe en un Dios omnipotente, Boecio recorre un camino arduo,a veces farragoso, en el cual no deja puntada dialéctica sin hilo. Pero simplemente por pasajes como este:
La eternidad es la posesión total y perfecta de una vida interminable
, nos merece la pena aguantar el pequeño esfuerzo.
Hablaremos en otro momento de su influencia en Kennedy Toole y el bueno de Ignatius.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Actualización
Acabo de terminar de pasar las entradas que tenía guardadas y privadas de mi antiguo blog de My Space a este nuevo sitio, blogger.
En el proceso he depurado y eliminado algunos textos,y he añadido categorías a las entradas.
Hay fundamentalmente dos categorías en el blog: Mi historia y el resto de categorías. El resto de categorías son extractos de obras literarias, letras de canciones o citas, bibliografías, o comentarios de alguna obra. Estos comentarios son para mí lo más importante, pues este blog pretende ser una herramienta de interacción con la literatura como una forma de arte y de vida. La vida del Lector in fabula es la que se va narrando en Mi historia, de forma literaria, convirtiendo los hechos cotidianos, los pensamientos, las reflexiones y aconteceres, en un hecho narrativo más.Porque si no, ni siquiera para mí tendrían el menor interés....
En el proceso he depurado y eliminado algunos textos,y he añadido categorías a las entradas.
Hay fundamentalmente dos categorías en el blog: Mi historia y el resto de categorías. El resto de categorías son extractos de obras literarias, letras de canciones o citas, bibliografías, o comentarios de alguna obra. Estos comentarios son para mí lo más importante, pues este blog pretende ser una herramienta de interacción con la literatura como una forma de arte y de vida. La vida del Lector in fabula es la que se va narrando en Mi historia, de forma literaria, convirtiendo los hechos cotidianos, los pensamientos, las reflexiones y aconteceres, en un hecho narrativo más.Porque si no, ni siquiera para mí tendrían el menor interés....
jueves, 30 de septiembre de 2010
viejo
Uno sabe a ciencia cierta que es viejo cuando los paisajes de antaño se hacen pequeños y uno puede recorrer lo que antes parecían kilómetros dando dos simples zancadas.
Antes, los barrios parecían laberintos que recorrían larguísimas distancias, en los que el atribulado viajero podía perderse, y perder su vida y su cordura para siempre.
Ahora, los caminos se hacen ridículamente cortos y breves,y lo que antes se antojaban calles infinitas en una metrópoli ignota,ahora sólo son vericuetos cortos, como de ciudad provinciana, calles sucias de estar tan pisadas,;una y otra vez he recorrido esta senda, y una y mil veces he tropezado y he caído en ella, y mira, fíjate: ahora la han convertido en una calle peatonal, pareciese que nunca fue peligrosa, que nunca fue infinita, que alguna vez alcancé el fin de aquel callejón oscuro y sombrío, y una vez hecho, comprobé que la resurrección no existe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)